lAS DOS CERÁMICAS

En «Las otras modernidades » (notas sobre la modernidad artística en el Cono Sur: el caso paraguayo), Ticio Escobar publicaba en 1998 :

 

« Las dos cerámicas
En noviembre de 1994, Juana Marta Rodas y su hija Julia Isídrez, alfareras procedentes de la Compañía Caaguasú del pueblo de Itá, obtuvieron de un jurado internacional el premio más importante que se otorga en el país a las artes plásticas (Gran Premio de la Bienal Martel de Artes Visuales)10 Desde tiempos precoloniales son las madres quienes transmiten a sus hijas los secretos de la cerámica, oficio que, desde entonces, ha sobrevivido a los impactos de adversidades distintas conservando la alquimia originaria de la técnica y el argumento seguro de sus formas. Pero, aun bien sostenidas en el fondo de esta tradición, las imágenes de estas ceramistas acusan de pronto el desafío de influencias nuevas, de funciones distintas, de otros aires de su propio tiempo. Entonces, las formas cambian, se arriesgan con audacia a aceptar el reto: son otras ya sobre el fondo de la misma técnica y la misma memoria.
Hoy, las cerámicas de Juana Marta Rodas y de Julia Isídrez conforman bestiarios imposibles, figuras fantásticas que carecen de nombres, seres inquietantes que turban para siempre el devenir sereno de un cacharro cotidiano. Suponen diseños precisos resueltos de un sólo golpe, formas demasiado exactas, demasiado audaces. Presentan contornos rotundos, conforman signos exagerados; síntesis depuradas en los límites de lo abstracto. Las funciones y los usos primeros han sido olvidados en el derrotero de una figuración que crece movida por los antojos de un impulso propio. Pero persiste en ella el arquetipo ventrudo del recipiente, su vocación matricial, su sino convexo. Aun así, ¿qué tienen que ver con la historia mestiza y la tradición del barro estas piezas caprichosas, estas esculturas dramáticas que más parecen responder a los delirios de un artista urbano que a la fabulación serena que producen los campos? Quizá la duración de los procesos culturales esté asegurada por la posibilidad suya de asumir el pasado desde el sitio, provisional siempre, que funda el momento propio: lugar abierto a escenas distintas y cruzado por muchos tiempos.
Es indudable que Juana Marta y Julia siguen nombrando un territorio que ya producía formas en barro desde mucho antes de la fundación de Itá y de la aparición del cántaro mestizo. Pero también es obvio que expresan un ámbito definitivamente distinto, un espacio en el que se han colado otras percepciones y otras maneras de ver el mismo paisaje, que ya no es el mismo. Estas inquietantes esculturas demuestran que, en sí mismas consideradas, ni la tradición ni la modernidad ofrecen garantías ni constituyen amenazas; lo que legitima los símbolos que una u otra producen es la verdad de la que se alimentan ambas. Y la verdad de Juana Marta y de Julia es la de un tiempo ambiguo y un presente desgajado. La labor de expresarlo entero y nítido supone un esfuerzo intenso y requiere formas seguras, macizas, figuras que están más atrás del origen y por encima de la valla que traza el umbral moderno. »

En 1999, un año después de la publicación de este texto, Juana Marta Rodas y Julia Isidrez fueron seleccionadas por la Fundación holandesa Prince Claus para representar a Paraguay en la exposición «Creación de espacios de libertad» y fueron premiadas.
Desde su creación en 1996, la Fundación Príncipe Claus se ha dedicado a apoyar las artes y la cultura, especialmente donde conoce presiones en África, Asia, América Latina, el Caribe y Europa oriental, con el fin de liberar y valorar la expresión cultural en el mundo . Rinde homenaje a personalidades y organizaciones que reflejan un enfoque contemporáneo y progresista sobre los temas de la cultura y del desarrollo.

Según los curadores de la Fundación Claus: Las ceramistas Juana Marta Rodas y Julia Isídrez enfrentan los prejuicios dominantes que consideran la cultura popular como un folclore y una colección de curiosidades exóticas. Su trabajo tradicional, que hacen en su pueblo rural, tiene un carácter estético y expresionista muy individual. Transforman la artesanía en arte moderno, aunque su objetivo no sea ser ‘moderno’ ni buscar conscientemente ‘la autenticidad’. »

En 2012, dos obras de Juana Marta Rodas y Julia Isídrez fueron expuestas en Documenta (13), una de las principales exposiciones de arte contemporáneo en el mundo que tiene lugar en Cassel, Alemania. Para esta decimotercera edición centrada en el tema de la emancipación del arte y del leitmotiv «colapso y reconstrucción», la curadora encargada del evento fue Carolyn Christov-Bakargiev, también conservadora del museo Castello di Rivoli de Turín, en Italia.

Las obras de las dos ceramistas quien, según los curadores, “cuestionan la relación entre lo tradicional y lo contemporáneo”, han sido elegidas – entre cientos de obras de unos 200 artistas de 55 países – para ser mostradas en la instalación The Brain, considerada el “cerebro” de la exposición, en el centro del museo Fridericianum.
A fin de evidenciar la antigua tradición que representan, los organizadores las expusieron a pocos pasos de un grupo de princesas bactrianas, pequeñas esculturas de Asia central que datan del segundo o tercer milenio antes de Cristo.